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La etiología de la coraza neuromuscular desde la perspectiva de la autodeterminación

Crianza, cuerpo y autonomía

La etiología de la coraza neuromuscular desde la perspectiva de la autodeterminación

David Trotzig

Noviembre de 2012

 Los seres humanos pueden ser proactivos y comprometidos o, alternativamente, pasivos y alienados, en gran medida como una función de las condiciones sociales en las cuales se desarrollan y funcionan. Acordemente, la investigación guiada por la teoría de la autodeterminación se ha focalizado sobre las condiciones del contexto social que facilitan versus las que previenen los procesos naturales de la auto-motivación y el desarrollo psicológico saludable. Específicamente, se han examinado factores que amplían versus que reducen la motivación intrínseca, la autorregulación y el bienestar. Los hallazgos han llevado a postular tres necesidades psicológicas innatas – competencia, autonomía, y relacionarse – las cuales cuando son satisfechas producen la ampliación de la auto-motivación y la salud mental y cuando son frustradas llevan a la reducción de la motivación y el bienestar. También se considera el significado de estas necesidades psicológicas y los procesos dentro de dominios como el cuidado de la salud, la educación, el trabajo, el deporte, la religión y la psicoterapia.”, de La Teoría de la Autodeterminación y la Facilitación de la Motivación Intrínseca, el Desarrollo Social, y el Bienestar”, [Deci & Ryan, 2000]

 Introducción

 Este trabajo es parte de la investigación que llevo a cabo dentro del ámbito de la relación entre el paradigma post-reichiano, las neurociencias y las últimas investigaciones que pueden ser de interés para nosotros, especialmente dentro del marco de la prevención. Estoy especialmente interesado en profundizar en los orígenes de la estructura borderline.

Sabemos que la carencias, la falta de contacto, las necesidades obsesivas de las madres, la proyección de los problemas de los padres y del entorno sobre los bebé, etc. crean consecuencias patológicas en ellos. Lo que quiero hacer aquí es, basándome en los trabajos de determinados autores, formular la idea de una relación directa causa efecto en las actuaciones diarias, minuto a minuto, día a día y sus consecuencias en la etiología de la estructura borderline.

 Lo que hago aquí, pues, es intentar juntar la información derivada de los trabajos de W. Reich, F. Navarro, X. Serrano, etc. sobre el desarrollo de la coraza caracterial neuromuscular y la prevención, con los los trabajos de D. Stern y E. Tronick sobre la regulación diádica, el trabajo de neuropsiquiatra A. Shore sobre el desarrollo perinatal, y la teoría de la autodeterminación de E. Deci y R. Ryan.

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 Las investigaciones de las neurociencias han establecido que la regulación diádica madre-bebé transcurre en diferentes fases que son básicas para el desarrollo emocional del ser humano. Las fases que han determinado son la fase de la sintonización, la fase de ruptura o desencuentro, la fase de reparación y la fase de asimilación (ver mi artículo: “Las cuatro fases de la regulación diádica”). Estas fases se van intercambiando de forma constante dentro del marco de la comunicación entre el bebé y su entorno, principalmente con su madre. Cuando esta regulación no acaba de funcionar de forma satisfactoria, el bebé se ve obligado a aplicar estrategias de autorregulación defensivas destinadas a protegerle de las consecuencias de la carencias emocionales y de los efectos negativos resultantes.

 En este artículo voy a profundizar en lo que podría verse como el origen de los conflictos internos provocados por la carencias o desencuentros vividos por el bebé cuando la comunicación diádica es menos que óptima. También voy a investigar en la relación entre la creación de la coraza caracterial neuromuscular, es decir entre las tensiones y bloqueos musculares y los afectos correspondientes.

Antes de empezar quería comentar algunos aspecto de la Teoría de la Autodeterminación (TAD) de Deci y Ryan. Me parece probable, aunque no haya visto mención de ello en lo que he leído sobre la TAD, que durante el primer año de vida del bebé, las necesidades de autonomía, competencia y relacionarse, tengan una importancia gradual relacionada con el desarrollo psíquico y motor del bebé. Así creo que partir del nacimiento, la primera necesidad es la de relacionarse, de tener una relación nutricia, contacto madre-bebé, sentirse querido y cuidado. La díada madre-bebé es el primer contexto social al que el bebé puede sentir pertenencia. Luego, a medida que su sistema motor vaya madurando, adquiere importancia la necesidad de competencia, es decir, saber hacer cosas conscientemente como darse la vuelta, coger cosas, llevárselas a la boca, gatear, investigar, etc. A medida que el bebé va adquiriendo competencia, aumenta su necesidad de autonomía, el poder escoger qué hacer, cómo hacerlo y con quién, la necesidad de autoafirmación. Cuando estas necesidades se van satisfaciendo, el bebé va creando una seguridad de base interna e intrínseca, una sensación profunda de pertenencia, que le permite estructurase sólidamente en relación con su entorno y consigo mismo (apego seguro). Sobre esta base se puede autorregular.

Viéndolo desde esta perspectiva, podemos también deducir que la autorregulación, más que un medio para conseguir un desarrollo óptimo, es una necesidad en sí, una necesidad de base que resume las tres necesidades mencionadas por la TAD.

Observando al bebé humano y su forma de relacionarse y desarrollarse se ha visto que las bases de la personalidad y también de la psicopatología se crean durante el tiempo de mayor crecimiento del cerebro humano, es decir, a partir del último trimestre de gestación y hasta más o menos los dos años de edad, el periodo que Reich llama el periodo crítico biofísico.

Durante este tiempo el bebé no es, como generalmente se ha ido pensando hasta ahora, un sujeto pasivo que sólo come y duerme esperando una madurez que le dará las herramientas para formar su personalidad. Es un ser fundamentalmente social que, desde que empieza a moverse dentro del útero, es activo e interactivo, percibe, siente y expresa cosas continuamente. Interactúa constantemente con su entorno, primero principalmente con su madre, y luego con las otras personas y objetos que le rodean. En ese intercambio constante de impresiones, emociones y contacto, a partir del nacimiento plasmado en las fases de la regulación diádica, se basa su desarrollo emocional, intelectual y también fisiológico.

Al nacer, el bebé no tiene capacidad intelectual o simbólica así que antes del desarrollo del lenguaje, se expresa exclusivamente a través de su cuerpo. Durante esos primeros meses y años el cuerpo es el canal natural de toda expresión y de todo movimiento emocional. Dentro de la relación con su entorno y dentro de esa interacción incesante con las personas y los objetos que le rodean, el bebé se va adaptando, es decir, va modulando su interacción según sus necesidades y según las respuestas que va percibiendo. Como parte de este proceso de adaptación, va internalizando las regulaciones externas tal y como las percibe. La suma de las regulaciones internalizadas sería lo que llamamos el super-yo. Así, paulatinamente en su contacto con la personas que le rodean, va aprendiendo a expresarse de forma cada vez más específica, pero también va aprendiendo a frenar una serie de impulsos y expresiones emocionales que percibe como peligrosas. Se va amoldando y formando según los requerimientos de su entorno. El acto de adaptarse, es decir, de frenar, reprimir o inhibir ciertos movimientos expresivos por miedo a sus consecuencias, crea conflictos internos que a su vez crean tensiones emocionales y fisiológicas que pueden llegar ser muy fuertes.

En un ambiente no óptimo desde la perspectiva de la satisfacción de sus necesidades básicas, la sensación de peligro radica por un lado en un posible sentimiento de soledad o abandono, y por el otro, en que sus reacciones, impulsos o expresiones emocionales se perciben como malas, inadecuadas o prohibidas. Las necesidades básicas de autonomía, competencia y de relacionarse (Ver el artículo de Deci & Ryan sobre la Teoría de la Autodeterminación) quedan insatisfechas, cosa que crea un estado de inseguridad dentro del cual en bebé no puede desarrollarse de forma óptima. Cuál de las tres necesidades que sea la principal en quedar desatendida, influirá de forma determinante en el tipo de sistema de defensas que el bebé construirá.

Como hemos visto, cuando un bebé no siente que sus necesidades quedan satisfechas, empieza a modificar y a adaptar su conducta para aumentar sus posibilidades de quedar satisfecho. Esta adaptación la hace por motivos extrínsecos, es decir, por obligación externa. Cuando un ser humano, de la edad que sea, hace algo o reprime algo por obligación, eso genera rencor y rabia. Si, como parte de su proceso de adaptación, esta rabia no se puede expresar, entonces se va acumulando, retroalimentándose y creando la necesidad de más medidas de control y adaptación, esta vez dirigida hacia sus propias reacciones. En los casos en que la presión interna resultante, en combinación con la sensación de soledad, llega a un nivel que el bebé o el niño ya no lo puede gestionar, lo tiene que disociar, es decir, aislar las emociones dolorosas y/o peligrosa creando así un núcleo disociado muy defendido y fuera del abasto de su yo consciente.

Como también hemos visto, la expresión de la emociones es un proceso principalmente corporal en los bebés y, por lo tanto, las tensiones emocionales que resultan del proceso de adaptación, al no poder expresarse hacia fuera, acaban fijándose en su cuerpo en forma de tensiones y bloqueos físicos y energéticos en el modo que veremos a continuación.

Los músculos del cuerpo tienen por un lado la función de regular el organismo y moverlo hacia determinados objetivos, como por ejemplo buscar contacto, buscar comida o simplemente curiosear y por el otro para comunicarse, para expresar emociones y estados de ánimo. Con los músculos de los ojos y alrededor, por ejemplo, expresamos amor, ternura, sorpresa, miedo, rabia, angustia, etc. Con los músculos de la boca podemos hablar y también expresar satisfacción, rabia, agresividad, felicidad, negación, afirmación, etc. Con los músculos del cuello y de la nuca mantenemos la cabeza en su posición, pero también sirven para dirigirnos y para controlar la relación entre nuestro cuerpo y nuestras intenciones o para decir 'si' o 'no' por ejemplo. Con los del aparato respiratorio hablamos, gritamos, reímos, suspiramos, gemimos, etc. Todos los músculos del cuerpo están en menor o mayor medida involucrados en la expresión de emociones, sentimientos, actitudes o intenciones.

Así, cada vez que sentimos una emoción, ésta siempre está acompañada de un movimiento corporal, por pequeño que sea. Cuando el bebé por miedo reprime o inhibe una expresión emocional, también tiene que inhibir los movimientos musculares que lo acompañan. Lo que ocurre a nivel neurológico es que para cada movimiento inhibido se crea, en el marco del sistema neurovegetativo, un enlace neuromuscular cargado con la emoción prohibida entre el cerebro y el músculo o el segmento corporal en cuestión. Este enlace neuromuscular conforma un estado emocional de alarma que dice “¡Ese movimiento no lo hagas, es peligroso!”.

A nivel de las emociones, la rabia asociada al tener que reprimir su necesidad de autonomía también queda bloqueada o aislada dentro del mismo estado de alarma cuya carga energética queda inmovilizada en un reflejo defensivo automática contra las propias reacciones que dice: “¡Eso no lo pienses, es peligroso!”. Estos estado emocionales de alarma pueden llegar a tener una complejidad muy alta, hasta el punto de contener partes separadas de la personalidad del sujeto, como por ejemplo en los casos de los trastornos de identidad disociada. El conjunto de estos estados de alarma es lo que conforma la coraza caracterial.

Desde un punto de vista neuronal, los estados emocionales de alarma se encuentran principalmente en la amígdala que es el centro de aprendizaje, atención y emoción. La especialidad de la amígdala es la valoración del peligro y la mediación entre el reflejo defensivo y la memoria emocional. Cuando se realiza un acting, los estados de alarma conectados con los músculos del segmento corporal que se está trabajando, reaccionan según sus 'planes de defensa'. En el caso de un sujeto borderline, la reacción puede ser una disociación total, en cual caso el sujeto simplemente no siente nada ni reacciona, o si es una disociación parcial, puede que se dispare una reacción defensiva mediatizada por el tipo de cobertura que tiene el paciente.

Conclusiones

La noción de las fases de la regulación diádica y de los microafectos junto con la teoría de la autodeterminación nos permite ver de forma mucho más detallada que antes qué ocurre con el bebé en su día a día cuando tiene una crianza insatisfactoria y patologizante. Eso nos puede ayudar, no sólo a comprender mejor estos procesos desde nuestras óptica clínica, sino que también nos puede ayudar a la hora de dar explicaciones más concretas a la madres y padres que entran en contacto con nosotros dentro del marco de nuestros proyectos de prevención

En cuanto a pacientes con estructura borderline, esta información puede servir para la “psicoeducación” que puede ser conveniente antes de poder empezar un proceso terapéutico profundo.

Bibliografía

[Deci & Ryan, 2000] E. Deci y R. Ryan, “The 'what and 'why' of goal pursuit: human needs and the self-determination behaviour”. Psychological Inquiry, 2000.
[Schore,
2000] A.N. Shore, “Effects of a secure attachment relationship on right brain development, affect regulation and infant mental health”. 2000
[Stern, 1985]:
D. Stern, “The Interpersonal World of the Infant. A View from Psichoanalysis & Developmental Psychology”. New. York: Basic Books, 1984
[
Tronick y Weinberg, 1997]: E.Z. Tronick y M.K. Weinberg, ”Madres e infantes deprimidos: fracaso en la constitución de los estados diádicos de conciencia”.. (1997). Boston: Harvard Medical School.
[Trotzig, 2011] D. Trotzig, “Las cuatro fases de la regulación diádica”. Presentado en el simposio de la ESTER, 2011.

 

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