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Las cuatro fases de la regulación diádica, una perspectiva neurobiológica

Las cuatro fases de la regulación diádica, una perspectiva neurobiológica
David Trotzig
Noviembre de 2012

Si miramos muy atentamente la comunicación entre una madre (o cuidador/a en general) y un bebé, nos podemos dar cuenta de que sigue una dinámica con pautas que se van repitiendo a lo largo del tiempo. Estas pautas han sido objeto de estudios durante las últimas décadas por personas ligadas a la neurobiología y el desarrollo infantil como Daniel Stern (Stern 85), Allan Shore (Schore,2000) o Diana Fosha (Fosha, 2003) entre otros.

Basándose en los experimentos en los años 80 del Dr. Stern (Stern 85) donde se descubrió lo que Stern llamó los “afectos de vitalidad”, es decir, los micro-afectos a través de los cuales las fluctuaciones en la sintonización diádica se expresan, se pudo ver que la pauta de la comunicación diádica se compone de cuatro fases:

1º La fase de sintonización en la cual el bebé y su cuidadora crean un momento de complicidad, de comprensión, de compenetración. Durante esta fase ambos sienten tranquilidad, sosiego, amor…
2º La fase de ruptura. En esta fase algo ocurre que rompe con la sintonización. La ruptura puede provenir de cualquiera de los dos y por una infinidad de razones. Provoca en el bebé un estado de alarma con toda la sintomatología descrita pos Selye (descubridor del Síndrome del estrés, o Síndrome General de Adaptación).
3º La fase de reparación. En esta fase la madre envía un mensaje de tranquilidad, de comprensión y de reconocimiento dejando que se restablezca el estado de sintonización entre ambos. El bebé aprende que la ruptura no implica peligro, que después viene la reparación y su mundo sigue seguro.
4º La fase de asimilación. En esta fase el bebé necesita un tiempo de tranquilidad para asimilar las impresiones que ha recibido. La pausa le da el tiempo y la energía que necesita para interiorizar y estructurar estas impresiones y hacerlas parte de él así como construir las sinapsis correspondientes. Esta fase no es secuencial en el mismo sentido que las otras, sino que se da cuando el bebé ya se siente saturado.

Los afectos de vitalidad” del Dr. Stern son, como hemos visto, micro-afectos a través de los cuales las fluctuaciones en la sintonización diádica se expresan. Son cambios continuos y sutiles, movimientos casi imperceptibles que componen la comunicación diádica. Estos cambios se mueven a nivel de movimientos, emociones, energía, ritmo, nivel de atención formando un movimiento constante que es captado y reflejado por ambas partes en un diálogo que concurre tanto en los niveles conscientes como inconscientes del organismo del bebé y de la madre. Se puede decir que los afectos de vitalidad son las partículas elementales de la comunicación diádica y, por lo tanto, son el material a partir del cual el cerebro del bebé saca las experiencias vitales sobre las cuales construirse y desarrollarse, pero también donde la madre aprende a estar con su bebé y desarrolla su apego hacia él. De hecho podemos constatar que la díada madre bebé es un sistema complejo que incluye no sólo la comunicación interpersonal, sino también el sistema nervioso, el sistema endocrino y muchas otras partes del organismo de ambos.

Durante la fase de sintonización hay un aumento de los niveles de endorfinas en el cerebro tanto del bebé como de la madre, causando sensaciones de placer, de alegría y emoción. La mirada amorosa de la madre es correspondido por el bebé con una mirada de amor de nuevo hacia ella haciendo que sus niveles de endorfinas aumenten, completando así un circuito emocional cerrado, una especie de "bucle de amor." Ahora, la madre y el bebé están realmente en un sistema dinámico e interactivo.

"En esencia, se trata menos de lo quela madre hace para el bebé y más de cómo la madre está con el bebé y la forma en que el bebé aprende a estar con la madre", dice Schore. Se trata de una "sincronización emocional" entre madre y bebé que Schore define como la capacidad de la madre de sintonizar con los estados internos del bebé y responder en consecuencia.

Dentro de este ciclo también está la necesidad del bebé de asimilar lo vivido, cosa que hace cortando la comunicación y volviendo su atención hacia si mismo durante un rato mientras su mente va descansando y “tranquilizándose, cosa que le ayudará a aprender a manejar la estimulación creciente y de esa forma construir una tolerancia emocional y resiliencia.” [Shore, 2000]. Estos son los pasos del aprendizaje de la autorregulación afectiva. Esto se puede considerar una ruptura pero que no necesita de una reparación inmediata sino que la madre esté atenta a la necesidad del bebé de una pausa en la comunicación y que pueda esperar hasta que el mismo bebé dé la señal de que requiere otra vez su atención.

Las secuelas de la negligencia emocional y la privación son tan claras y perjudiciales como las delt rauma abierto. La participación crónica en tales estados conduce a la reducción real dendríticas y la atrofia de ciertas regiones del cerebro (Schore,2001;Siegel, 1999; Teicher, 2002). Se ha demostrado que en la infancia, las interacciones diádicas aversivas conducen a la muerte neuronal en "centros afectivos" del sistema límbico como resultado de los altos niveles de corticosteroides generados. También se producen alteraciones en los receptores de opiáceos, dopamina, noradrenalina y serotonina. (Lyons-Ruth, 2001; Schore 2003, Seigel, 1999, van der Kolt, 1996).

Conclusión

Creo que la comprensión de estos fenómenos de la comunicación diádica son clave para la comprensión profunda de los procesos que causan las patologías preedipales. Si antes intuíamos que la mala comunicación diádica y la falta de contacto madre bebé tenían como resultado unas determinadas patologías, ahora podemos ver cuales son las partículas elementales de esta comunicación y comprender detalladamente como se crean las patologías. Con estos conocimientos nos será también más fácil explicar y argumentar dentro del área de la prevensión, pues ya no se trata sólo de ideas e hipótesis, sino hechos tan concretos y comprobables, comparables con la seguridad con la que se habla de las consecuencias de las carencias nutricionales.

Así, cuando ahora decimos que la madre hace de espejo para su bebé, vemos que no se trata de ser un espejo pasivo que sólo refleja el movimiento del otro, sino un ente activo que recoge lo que hace el otro, lo transforma aportando su propia personalidad y lo devuelve. Todo eso en un bucle sin fin.

Como ejemplo de lo que quiero decir puedo citar un estudio de Tronick y Weinberg (1997) sobre los efectos de la depresión materna, donde encontraron que lo que les pasan a los niños con madres hostiles e intrusivas es que no pueden reparar la interacción porque la madre altera constantemente las actividades del niño. En un principio estos bebés se enfadan y se alejan de la madre y, finalmente internalizan una forma de ser que es enfadada y autoprotectora, y que se emplea defensivamente, anticipándose a la intrusividad materna. Estos niños acaban siendo más irritables y menos consolables (Tronick y Weinberg, 1997).

Bibliografía
(Fosha, 2003): “Diadic regulation and experimental work with emotion and relatedness in trauma and disorganized attachment”, Diana Fosha, 2003

(Schore,2000): “Effects of a secure attachment relationship on right brain development, affect regulation and infant mental health”. A.N. Shore, 2000
[Stern, 1985]: Stern, D. “The Interpersonal World of the Infant. A View from Psichoanalysis & Developmental Psychology”. New. York: Basic Books, 1984
(Tronick y Weinberg, 1997):Madres e infantes deprimidos: fracaso en la constitución de los estados diádicos de conciencia”. Tronick, E.Z. & Weinberg, M.K. (1997). Boston: Harvard Medical School.

 

 

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