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La adopción ¿Una paternidad diferente?

La adopción ¿Una paternidad diferente?

Por David Trotzig,

(Publicado en Ser Padres Hoy, en su número de septiembre de 2002) 

Introducción 

En España, así como en la mayoría de los países occidentales industrializados, el fenómeno de la adopción internacional ha ido creciendo exponencialmente durante los últimos años. Eso se debe a muchos factores: un aumento del número de personas con problemas de infertilidad, una mayor concienciación de los problemas de los niños del tercer mundo, la creciente aceptación social de la adopción como medio alternativo de procrear, y también la creciente dificultad de acceder a niños huérfanos del mismo país. Durante este tiempo se ha hablado bastante de los problemas burocráticos involucrados, de la necesidad de informes psicológicos y sociales sobre los futuros padres adoptivos, de los problemas de adaptación de los niños desde una perspectiva social, de los problemas económicos derivados, etc. De lo que no se ha hablado mucho es del estado de los padres adoptivos una vez ha acabado todo el proceso, desde el punto de vista formal y práctico, de la adopción. 

La soledad del adoptante 

Una vez finalizado el alboroto del viaje, de la recepción de los familiares, del papeleo y de todo lo demás, cuando el niño ya ha llegado a su nuevo hogar, los flamantes padres adoptivos se encuentran repentinamente solos en casa con su nuevo hijo/a. Para todos los demás actores involucrados, el caso ya está cerrado y la vida vuelve a su curso habitual. Para los nuevos padres, sin embargo, así como para el niño adoptado, todo esto sólo ha sido el principio. Lo que acaba de empezar es un difícil proceso de adaptación a una situación para la cual ninguno de ellos estaba preparado y para la cual todavía no existe marco cultural y social al que referirse cuando surgen problemas o dudas. 

En un parto normal, biológico, la madre y el padre están rodeados de personas que saben de qué va tener hijos. La familia, especialmente la madre, que suele compartir generosamente sus experiencias en la materia, las hermanas y cuñadas, las enfermeras, los pediatras, las amigas, las revistas especializadas, etc. son riquísimas fuentes de información, más o menos formal, tal vez también más o menos digna de confianza, cuando surgen las dudas; Si no duerme, haz esto o lo otro, si no come, prueba con tal cosa, primero le pasará esto, luego tendrá un periodo donde se comportará así, luego…las nuevas madres “biológicas”, es decir, no adoptivas, se encuentran en un medio acolchado y protegido que las nutre de seguridad e información. Cuando acabas de tener un hijo adoptivo, la situación es diferente. No hay nadie de la familia o del entorno inmediato que te pueda aconsejar pues ninguno de ellos ha adoptado nunca a una criatura y carecen de marco de referencia frente a ello. Todos, en lugar de contestar a tus preguntas, hacen más; ¿Cómo se adapta? ¿Está bien con vosotros? ¿Debe de ser duro, verdad?, ... Aunque la verdad es que normalmente simplemente no saben qué decir. 

Las dudas de los padres 

Esto crea una situación de vacío donde los padres adoptivos se tienen que desenvolver como pueden. En lugar de recurrir a familiares y amigos, tienen que acercarse a asociaciones de padres adoptivos u otros lugares más o menos públicos. Allí, sin embargo, se encuentran muchas veces con que los demás son tan inexpertos como ellos o igualmente reacios a tocar ciertos temas que atañen a la intimidad familiar. Las dudas, miedos y temores recurrentes que tienen muchos padres no son fácilmente tratables y pueden despertar cierto pudor o incluso sentimientos de vergüenza, de sentir “soy un bicho raro por tener estos sentimientos tan extraños o malos”. Sin embargo, la gran mayoría de padres adoptivos los han tenido en algún momento u otro de su proceso de adaptación a la situación de adoptante. Suelen ser dudas respecto a sí mismo, al niño, a la pareja, respecto al papel de los abuelos y de los demás familiares, de la escuela, etc., dudas que pueden llegar a ser muy fuertes, incluso difíciles de soportar. Cuando esto ocurre, hay que recordar que es perfectamente normal tener estas reacciones. Todos las hemos tenido en un momento u otro y lo importante entonces es no perder la facultad de hablar de ello con las personas involucradas y, especialmente, con aquellos seres que son importantes para nosotros. 

¿Amor a primera vista? 

Cuando lo vi por primera vez me esperaba que sentiría un gran amor, y la verdad es que no sentí nada” dice un padre compungido, “no me sentí como un padre en absoluto, sólo sentí una sensación de vacío y de confusión”.

Después de tantas expectativas uno se espera que el momento del encuentro será como la traca final, algo tremendamente emotivo y lleno de un amor paternal que ha ido tomando fuerzas durante la larga espera. Sin embargo no siempre es así. El amor paternal no es algo que surge de repente, es algo que va creciendo a partir del primer contacto y que puede seguir creciendo, con altos y bajos, durante toda la vida. La psicóloga Madeleine Kats escribe:

Muchos padre adoptivos sienten pánico cuando se dan cuenta de que no sienten nada por el niño, que no lo ven como suyo sino como un pequeño ser extraño. Cuando muchas madres biológicas hacen el mismo descubrimiento después del parto, no suelen atreverse a hablarlo con nadie. Lo padres biológicos, por otro lado, no se lo suelen tomar mal, parece ser que se esperan el no sentir nada por el recién nacido al principio. Pero para los padres adoptivos puede ser una experiencia mucho más dura. Han esperado tanto tiempo, han trabajado tanto, escrito, enviado papeles y documentos, esperado, sufrido decepciones, etc. Hay tantas cosas prácticas que han tenido que solucionar, que casi no ha habido tiempo para prepararse para el niño. Y si cuando finalmente llega el encuentro no se siente nada…” 

Los abuelos que se sienten fuera 

Mi madre se ha vuelto rara desde que llegó el niño. No lo entiendo, siempre había hablado de tener nietos, y ahora que lo tiene, no se involucra, no parece interesarle. A veces me pregunto si no será simplemente racista...”

Muchas veces los padres de los adoptantes, los abuelos, aunque aceptando la situación, se hacen preguntas, pues de repente su papel en la concepción de sus nietos queda relegado a segundo o tercer plano. Como no tienen experiencia, tampoco pueden ayudar como ellos desearían. O como lo expresaba la psicóloga y madre adoptiva sueca Madeleine Kats: 

En un embarazo biológico cambia muchas veces la relación de la mujer con su madre. Si es una buena relación, normalmente todavía se acercan más, si es mala, empeora. 

No pasa lo mismo en un ‘embarazo adoptivo’. Es como es. Buena o mala, así pervive la relación. La madre, normalmente, es la primera en saber que se está esperando un hijo adoptivo, pero no puede ayudar. Sabe menos que la hija. Nunca ha tenido un hijo adoptivo. Quizás siente pena por su hija que debe adoptar en lugar de dar a luz. Quizás para ella es igual de difícil o incluso más difícil aceptar el hecho de que sea un embarazo diferente. Quizás sólo lo ve como un ‘en lugar de’. También es posible que la hija no le permita acercarse. Es difícil ser abuela adoptiva. Saber pero no preguntar. O preguntar porque si no sería raro no hacerlo. Estar lo suficientemente contenta, pero no agobiar. Preguntarse y no acabar de comprender, sentir que de alguna manera se está fuera del proceso, que no hay ningún conocimiento que se pueda dar…” 

El niño robado 

Tendríamos que haberle dado dinero a la madre para que lo pudiera cuidar en lugar de llevárnoslo...” dijo una madre adoptiva con lágrimas en los ojos dando así una verdadera prueba de amor maternal sacrificado. Este sentimiento muy corriente es de haber robado el niño a su familia de origen, de ser culpables de falta de amor hacia él ya que se piensa que para el niño hubiese sido mucho mejor estar con su madre biológica. Por supuesto, cuando el niño fue dejado en adopción, ya estaba en estado de abandono y de necesidad, y aquella posibilidad no era ni había sido nunca una opción real. Lo que sí demuestra muy claramente es el cambio de actitud de “quiero tener un hijo” a “quiero lo mejor para mi hijo aunque esto implique que lo pierda”. Este razonamiento es justamente el que muchas madres biológicas tienen cuando se sienten obligadas a dejar a sus hijos en adopción. 

La tristeza por la niña perdida 

A veces miro a mi hijo y pienso que hay algo mal, que éste no es realmente el que tenía que haber tenido, pero no sé porqué, es como si hubiese un vacío entre nosotros que no logro colmar...”

Este es un sentimiento que se debe probablemente a que queda alguna emoción oculta en relación con el hijo. Aquel vacío puede ser la huella dejada por alguna impresión fuerte, un sentimiento que no ha tenido la ocasión de expresarse. Puede haber muchas razones. En este caso concreto se debía al hecho de que durante el proceso anterior al encuentro con el niño, a su renacimiento en el seno de su nueva familia, se habían barajado varias posibilidades, se había pensado en diferentes niños para la pareja adoptante. Elaborando sobre sus sentimiento de vacío respecto a su hijo, la madre en cuestión se acordó de repente de dónde provenía:

Cuando empezamos el viaje nos habían dicho que nos esperaba una niñita de 3 meses. Llevábamos ropita, biberones, pañales, todo... Lo habíamos planificado todo en detalle e incluso le habíamos escogido el nombre. Era como si la llevara dentro y nos íbamos para que la diera a luz. Y luego, cuando llegamos, nos dijeron que no, aquella niña ya la habían cogido otros, a nosotros nos tocaba un niño de 8 meses. Sentí un frío interior, como si mi niña hubiera muerto, como si hubiera abortado. Pero nunca me dejaron vivir el luto por aquella niña que no llegué a conocer. Lo trataban como si nos hubieran cambiado el asiento en un avión o algo así. Pero allí estábamos, con la ropita y todo que ya no servía para nada... Y cuando nos dieron el niño, claro que lo quise, claro que estaba contenta, pero también quería llorar por la otra, por la niñita que perdí.”

Aunque desde fuera pueda parecer trivial, lo cierto es que estas situaciones provocan desgarros emocionales muy importantes. Si esto ocurre, es importante elaborar aquel dolor, y elaborarlo en relación con el otro, con el niño que sí llegó, porque si no queda expresado, es posible que se quede dentro e incida negativamente en la relación con el hijo adoptado, hacer de él o ella un eterno substituto. 

No somos padres de verdad 

No es fácil ser padre adoptivo... Queremos siempre hacer las cosas bien, las correctas, estar seguro de que no se nos ha pasado nada por alto. Porque si luego las cosas van mal y nos acusa, nos dice que no somos sus padres de verdad...Y claro, es cierto, no somos sus padres de verdad.”

Es verdad que como padres adoptivos se tiene un grado de autocrítica mucho mayor que los demás padres, una tendencia a intentar justificarse en su papel de padres mientras que los padres biológicos no tienen que justificar nada. Y lo cierto es que lo padres adoptivos no son los únicos padres de sus hijos. En algún lugar están o han estado los otros, los padres biológicos. Sin embargo los padres adoptivos sí son los únicos padres adoptivos, y además son también la única familia que tienen sus hijos, además de ser sus tutores legales. Pero hay que recordar que hay nadie más que les pueda hacer de padres a esto hijos, no hay vuelta atrás. Conviene no olvidar este hecho, sin sus padres adoptivos estos niños están solos en el mundo. 

Si la relación de pareja va mal, todo va mal 

La relación con mi mujer va de mal en peor desde que tenemos a la pequeña. Me siento endeudado hacia ella porque por culpa de mi esterilidad, no sólo ha tenido que pasar por todo esto de la adopción, sino que también se ha quedado sin la posibilidad de tener sus propios hijos. Pero no me parece correcto hablarle de ello, ya tenemos suficientes problemas para no añadirle mi quejas y lamentos. Las cosas son así, y hablarlo no cambiará nada”.

La esterilidad, además de tener una vertiente fisiológica que impide la procreación, también puede causar importantes problemas de autoestima. En la sociedad occidental la infertilidad es un fenómeno cada vez más normal, debido a factores de contaminación ambiental, factores psicológicos como el estrés, etc., el nivel de fecundidad está a la baja. Para la persona afectada esto es un problema importante y los que toman las consecuencias y lo solucionan mediante la adopción están ya actuando de forma sana y racional. Para la persona afectada, sin embargo, esto puede no ser suficiente para devolverle la autoestima. Entonces es cuando hay que pensar que un factor importante que contribuye a la mala imagen de sí mismo en estos casos es el hecho de que vivimos en una sociedad donde se tiende a juzgar a las personas por lo productivas que son, y la persona infértil se siente improductiva, defectuosa. En la relación padre hijo la productividad es lo de menos, lo que cuenta es el afecto, el amor y el cariño así como el compromiso hacia un niño de protegerle, educarle y darle una oportunidad en la vida. En esto la paternidad adoptiva tanto como la biológica tienen la misma importancia y el mismo valor. Y dentro de este compromiso hacia la vida, la comunicación entre los padres, en lo bueno y en lo malo es vital. 

Si no podemos solos, podemos buscar ayuda 

Aunque éstas, tal vez, sean las dudas más frecuentes, hay muchas más que surgen durante el día día del padre adoptivo. Conviene insistir en la importancia que tiene desdramatizar estos sentimientos, hablarlos con sus seres queridos, elaborarlos para que no se queden como espinas clavadas. Una razón para ello, claro está, es para no tener que sufrir en silencio, ¿por qué sufrir cuando se puede estar bien? Otra razón, tal vez incluso más importante, es que estas dudas podrían enturbiar la relación con el niño adoptado, crear un distanciamiento que no es bueno ni es deseable para nadie, especialmente para el mismo niño. Y si el entorno inmediato o familiar no se presta a ello, si las dudas son de tipo tan íntimo que no queremos involucrarles, entonces es aconsejable buscar la ayuda de un profesional o de grupos de ayuda especializados que nos ayude a abrirnos, a ventilar nuestras emociones y reestablecer el equilibrio en nuestra vida.

 

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