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La coraza muscular

Cuando somos niños, los acontecimientos traumáticos, carencias afectivas, los miedos y decepciones que vivimos, nos van marcando tanto psíquicamente en forma de recuerdos y asociaciones, como físicamente en forma de tensiones y bloqueos musculares que con el tiempo se van cronificando. Lo que llamamos “coraza muscular” es, pues, el conjunto de estos bloqueos y tensiones musculares crónicas que se han ido acumulando desde la infancia y que, al final, han llegado a integrarse completamente con nuestra forma de ser.

La coraza está ligada a la estructura caracterial de la persona y a su forma de vivir la realidad, y tiene su raíz en una larga serie de procesos de adaptación a un entorno con posibles carencias afectivas, aprendizajes forzados, hostilidad, autoritarismo, dejadez, etc. Con el paso de los años, pues, nos vamos construyendo un sistema de defensa que, al volverse obsoleto con la llegada a la edad adulta, se transforma en una trampa, una trampa de la cual somos incapaces de salirnos solos, pues una de las características más notables de la coraza muscular es el hecho de que la persona que la lleva está tan acostumbrado a ella que no se da ni cuenta de su existencia.

Los efectos de esta coraza, sin embargo, se hacen sentir tanto en la mente como en el cuerpo del individuo y se manifiestan a través de síntomas emocionales como una reducción en la capacidad de placer, agresividad contenida, insatisfacción vital, depresión, sentimiento de vacío, ansiedad, etc., y de síntomas psicosomáticos como pueden ser las enfermedades cardiovasculares, dolores de espalda, problemas de obesidad, etc.

 

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