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Los orígenes

Observando al bebé humano y su forma de relacionarse y desarrollarse se ha visto que las bases de la personalidad y también de la psicopatología se crean durante el tiempo de mayor crecimiento del cerebro humano, es decir, a partir del último trimestre de gestación y hasta más o menos los dos años de edad.

Durante este tiempo el bebé no es, como se ha ido pensando hasta ahora, un sujeto pasivo que sólo come y duerme esperando una madurez que le dará las herramientas para formar su personalidad. Es un ser fundamentalmente social que, desde que empieza a moverse dentro del útero, es activo e interactivo, percibe, siente y expresa cosas continuamente. Interactúa constantemente con su entorno, primero principalmente con su madre, y luego con las otras personas y objetos que le rodean. En ese intercambio constante de impresiones, emociones y contacto se basa su desarrollo emocional, intelectual y también, dentro del margen de su genética, corporal.

En un ambiente en que no siente que pueda satisfacer sus necesidades básicas, es decir, sentir que forma parte, la sensación de peligro radica por un lado en un posible sentimiento de soledad o abandono, y por el otro, en que sus reacciones, impulsos o expresiones emocionales se perciben como malas, inadecuadas o prohibidas. Las necesidades básicas de sentirse parte de y de autonomía quedan insatisfechas, lo cual crea un estado de inseguridad dentro del cual en bebé no puede desarrollarse de forma óptima. En lugar de esto se irá creando un sistema de defensa cuyo impacto será más o menos grande según las experiencias negativas que tenga. A medida que va creciendo y desarrollándose, estas defensas ocuparán cada vez más parte de su personalidad pero de forma rígida, creando cada vez más conflictos internos los cuales, a medida que se vaya haciendo adulto, se irán transformando en síntomas que pueden ir desde leves molestias a trastornos psicológicos graves.

 

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